Media hora con la libreta en una casa cerrada de la Banqueta

Llega un grupo a una casa del camino de sirga que lleva años cerrada y se topan con el patio, los cobertizos y los anexos, cargados durante cuarenta temporadas. La visita dura media hora: anotan metros útiles, cuántas alturas suben y calculan el volumen real estancia por estancia abriendo armarios empotrados y mirando golfes o cambra bajo teja.
También fijan si hay ascensor o tiro de escalera estrecho para sacar muebles enteros, dónde puede esperar la furgoneta sin tapar paso ni estorbar en el carrer Major. Si detectan pinturas, disolventes o bidones de taller que necesitan gestor autorizado específico, lo apuntan claramente.
Todos estos datos definen partidas como horas de equipo por subidas y bajadas repetidas, viajes del camión según cómo abulta la carga desarmada y fracciones pesadas para planta de tratamiento. El importe cerrado permite firmar antes de entrar nadie en el interior.
El paseo empieza en el portón y termina al fondo del huerto
Caminar por toda la parcela es lo único que permite contar bien esta casa de la ribera del Canal d’Urgell, donde el recorrido físico tiene un orden muy claro. El paseo comienza en el portón de carro reconvertido y pasa por el patio empedrado hasta llegar al fondo: allí está el cobertizo, y a veces también corral, leñera o gallinero junto con un pedazo de huerto.
Después se suben los dos niveles gracias a una escalera de tiro único con huella ancha. La visita cierra bajo teja en la cambra que sirvió históricamente como granero y donde muchas veces guardan cosas aún hoy.
Cada vivienda tiene su propia forma, pero entender este trayecto completo ayuda mucho para planificar el trabajo desde el primer momento.
Cinco datos caben en media hora de libreta
La libreta de media hora recoge cinco datos que definen la faena completa. Se apuntan los metros útiles y cuántos niveles hay que subir para llevar el equipo a cada altura. El volumen real se calcula estancia por estancia, abriendo armarios empotrados e incluyendo golfes, cambra, desván, patio, cobertizos y cochera aunque estén lejos o en otro portal.
También se anota qué tipo de contenido hay para saber lo que sale a segunda mano. El acceso define el tiro de escalera, el ancho disponible donde aguarda el camión en las explanadas del paseo y si la entrada permite piezas grandes sin partirlas gracias al portón original. Finalmente, cualquier material como aceites o disolventes se separa por su tratamiento específico.
Cuando algo no estaba previsto antes de entrar, se enseña lo que va a usarse, se fija el precio añadido y las horas extra en la misma hoja del compromiso firmado. Así nadie entra sin saber cuánto cuesta esa partida concreta y quién decide si dejarla fuera o incorporarla al encargo con una cifra ya conocida.
Ocho años cerrada cambian el contenido, no el método
Al abrir una casa cerrada muchos años aparecen objetos inesperados como bicicletas viejas, leña apilada o cajas de fruta de madera en la cambra junto a baúles y sábanas antiguas.
Cambian los detalles según el lugar pero cinco datos siempre marcan las cuentas para que el importe quede cerrado antes de entrar: metros útiles con armarios abiertos, tipo del contenido para separar lo recuperable, acceso real donde puede esperar la furgoneta y si hay pinturas o bidones especiales.
El desglose final suma horas de equipo subiendo por escaleras estrechas en el Centre, viajes de camión desde las plazas anchas del Pla d’Urgell y partidas separadas para lo que va a planta de tratamiento pagado por peso. Lo recuperable resta directamente: muebles sanos, electrodomésticos funcionales o chatarra baja la cifra total.
Si algo no estaba previsto el equipo muestra qué es antes de tocarlo con precio claro y horas añadidas al plazo escrito mientras se espera tu visto bueno para decidir si lo incorporas en esta faena.
La altura del material apoyado contra la tapia se mide de pie
Determina el importe final la profundidad de la parcela y lo que se ha ido apoyando contra las paredes por encima de los metros habitables. Para valorarlo, un ojo entrenado coteja dos imágenes: una desde el portón del patio hacia atrás y otra tomada en fondo. Así se entiende si es solo una jornada larga para despejar un cobertizo bajo o si hace falta tiempo extra por corrales, leñeras y depósitos de aperos que alargan la estancia.
La cotización llega antes de entrar con total claridad, detallando cada partida: horas del equipo según el volumen y ascensos, viajes del camión basados en cómo abulta lo desarmado, y los kilos para tratamiento especial. Lo recuperable como muebles o metal resta directamente al total visible en la hoja. Si surge algo imprevisto antes de tocarlo, se muestra al propietario con precio añadido; hasta que da su visto bueno por escrito no cambia el compromiso firmado.
De la libreta salen jornales, portes y días
Toda la libreta se transforma finalmente en horas reales para el equipo, viajes del camión y las fracciones que van a planta que se pagan por báscula, descontando lo recuperable de muebles sanos o metales. Todo ese desglose llega con la fecha de entrada y las jornadas previstas impresas antes de cruzar el umbral; esa cifra es la única que se cobra al finalizar la faena.
Si tras despejar el cobertizo aparece algo nuevo, como bidones o material especial, el equipo para inmediatamente. Se muestra todo lo encontrado con sus dimensiones exactas, se acuerda el precio de partida y las horas añadidas antes de mover nada más. El importe que firma quien encarga es definitivo mientras no entregue su conformidad por escrito sobre esa incidencia específica.
Cuando la vivienda queda fuera de la comarca, el desplazamiento figura como concepto propio en la hoja para cerrar el plazo igual que el precio. Cada partida se separa a propósito: horas de subida y bajada escaleras, volumen desarmado o piezas con tratamiento distinto. Así quien llama sabe exactamente qué cubre cada número antes de que nadie entre en casa.
Quien compra para rehabilitar necesita la parcela limpia
Quien compra para rehabilitar necesita la parcela limpia y entregada al arquitecto o constructor tal cual queda el encargo frecuente de la Banqueta: una vivienda despejada hasta el último rincón. El orden de trabajo sigue un flujo lógico que empieza en las dependencias más internas y avanza progresivamente hacia la calle, asegurando que cada paso se complete antes del siguiente.
Cuando termina la jornada, todo está listo para ser recogido: casa barrida estancia por estancia, patio despejado y suelo del cobertizo libre de restos. Se recogen leña y hojarasca, quedando el conjunto entero documentado con un reportaje fotográfico detallado que muestra el antes y el después. Las llaves se devuelven en mano a quien las confió dentro del plazo acordado.
En Mollerussa la fecha aprieta tanto como el bolsillo por lo cual todo tiene una hoja clara donde figura el importe cerrado, la entrada programada y los plazos cerrados desde antes de tocar nada. Así se evita cualquier duda final porque cada partida está desglosada para que quien recibe vea exactamente qué incluye la cifra: horas de equipo, viajes del camión o fracciones por peso.